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Introducción
La ceremonia inaugural de un nuevo rector es un evento simbólico
en la vida de una universidad. Las antiguas insignias—los birretes,
las togas y casullas—sirven para recordarnos que las universidades
son instituciones duraderas. Estos emblemas de escolaridad han servido
para demarcar momentos en las vidas de instituciones académicas
desde la Edad Media. Son momentos para considerar logros, recapacitar
y vislumbrar el futuro.
Al mismo tiempo de vislumbrar este futuro, debemos tomar una pausa para
considerar los esfuerzos y contribuciones de aquellos que estuvieron aquí
antes que nosotros. Para expresar ese sentido de deuda, Sir Isaac Newton
se comparó con un enano parado sobre los hombros de gigantes, una
metáfora que tomó de un humanista y filósofo del
siglo XII, Bernard de Chartres. Mientras vislumbramos nuestro futuro,
me es necesario tomar una mirada retrospectiva y reconocer las contribuciones
de aquellos que en el curso de más de un siglo han trabajado para
construir una gran universidad aquí en la Ciudad de Phoenix.
Debo mirar atrás y reconocer las contribuciones de mis predecesores
en capacidad de rector, empezando por aquellos que guiaron la evolución
de una universidad territorial de maestros a una universidad estatal,
y aquellos que llevaron la universidad estatal a conformarse en una universidad
en todo el sentido de la palabra. Debo expresar el agradecimiento de la
comunidad universitaria entera al Rector Lattie Coor, el dinámico
líder que aceleró dramáticamente el desarrollo de
ASU como una importante institución de investigación, y
articuló su significación vital a la ciudad y el estado.
No es una de sus menores contribuciones la de haber fomentado, en el curso
de doce años, una familia cercana en ASU. Arizona State University
no sería la institución que es hoy día sin su inspiración
y compromiso personales.
Arizona State University tampoco sería lo que es hoy día
sin la dedicación y esfuerzo de más individuos de los que
se puede mencionar aquí. Muchos de los que están presentes
el día de hoy han contribuido en la edificación de esta
gran institución. En nombre de la comunidad universitaria entera,
debo expresar mi agradecimiento a aquellos individuos que han contribuido
generosamente con su tiempo, sabiduría y medios hacia el progreso
de Arizona State University: líderes cívicos y legisladores
estatales, líderes en negocios e industria, directores de fundaciones
y benefactores, y nuestros colegas de instituciones en distintas partes
del mundo. Hay estudiantes y profesorado de la universidad el día
de hoy, y ex-alumnos y profesores eméritos para los cuales Arizona
State University siempre jugará un papel esencial. Hay muchos cuyas
vidas han sido forjadas por esta institución y todos ustedes han
participado en esta noble tarea. Somos todos parte de este trayecto.
Arizona State University ha sido una parte integral de la realidad social
y cultural de Arizona desde 1885, y su papel será aún más
importante en el desarrollo de nuestro estado mientras éste asume
un rol cada vez más importante a nivel nacional e internacional.
Hoy día, Arizona State University está por convertirse en
una institución de renombre mundial Phoenix, una ciudad que está
constituyéndose como una metrópoli vibrante--ambas están
inevitablemente ligadas. Arizona State University ha establecido la capacidad
para transformarse en la universidad metropolitana de investigación
de mayor renombre del siglo veintiuno, conocida por su excelencia en la
docencia y la investigación, sus programas interdisciplinarios
innovadores y su directa participación social.
Mientras empezamos un nuevo capítulo en la historia de esta institución,
me gustaría ir más allá de su éxito presente.
Me gustaría hablar con ustedes de su transformación, y la
futura evolución de las universidades orientadas a la investigación
en los Estados Unidos --lo que quisiera denominar la nueva universidad
estadounidense--y por qué Arizona State University está
singularmente posicionada para transformarse en tal institución.
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